Continúa el drama de los refugiados

A pesar de estar de lleno en época de vacaciones, los viajes de los que más se está hablando en estos últimos días, no son precisamente con una intención turística.


Lo que está pasando en Venezuela o en el Mediterráneo con situaciones como las del Barco Aquarius, o en Italia, nos acercamos a la dura realidad de tantas personas que se ven forzadas a abandonar sus hogares y sus países de origen, buscando poder vivir y hacerlo con dignidad.

Con la campaña “compartiendo el viaje”, el Papa Francisco nos invita a mirar el mundo para conocer la realidad invisible de tantas personas y ensanchar nuestro corazón para acoger y convivir con ellas como una única familia. Nos propone crear espacios donde poder compartir las experiencias y los viajes que las personas migrantes y refugiadas han tenido que vivir. Por este motivo desde Cáritas Diocesana de Sant Feliu queremos dar voz a Eugenia y a Dayana y a su familia, personas refugiadas a quien, también estos meses de verano, estamos acompañando desde Cáritas.

Dayana

La Dayana, su marido y sus dos hijas de 2 años, llegaron a España procedentes de Colombia en el mes de octubre del año pasado, estaban acogidos en casa de un familiar. Justo este mes de agosto, este familiar les comunicó que había que mudar por razones de trabajo y que ya no les podía seguir acogiendo en su casa. No les quedó otra opción que ir a casa de una amiga, donde pudieron estar de manera provisional un par de días, mientras desde Cáritas se pudo tramitar la entrada a uno de los pisos de la Llar l’Olivera.

Este proyecto de Cáritas, ubicado en Gelida, consiste en varios apartamentos sociales, destinados a familias en situación de emergencia social, donde se les puede ofrecer una atención integral y acompañarlas en sus procesos de recuperación.

La pareja tenía trabajo y una situación estable en Colombia, pero tuvieron que marcharse debido a la situación política del país, recibieron amenazas y atentados contra su integridad física, que les obligó a tomar esta decisión. Sólo llegar pudieron solicitar el Asilo y su condición de refugiados, aunque en ese momento no necesitaron alojamiento. Ahora están a la espera de que desde el programa de refugiados puedan asignarles un piso.

“Empezar siempre es difícil”, la Dayana reconoce, que las diferentes costumbres, horarios, la comida, el clima, el carácter de las personas ... hacen que los inicios sean duros, se les ha hecho difícil la relación con las personas de aquí, porque como dice Dayana “cada uno va a la suya”.  Ven el futuro con esperanza, esperan que las niñas puedan ir a la guardería y ellos terminen encontrando trabajo. Aquí al menos, se pueden plantear un futuro sin sufrir por su vida, lo que ahora mismo no pueden hacer en su país de origen.

Eugenia

En Venezuela, la situación cada vez es más insostenible, la gran inflación de la moneda y la crisis política, han hundido el país y ha obligado a abandonarlo, según datos de la ONU, a cerca de 2,3 millones de persones en los últimos 3 años. Este es el caso del Eugenia que se dirigió a las acogidas de Cáritas diocesana.

Ella llegó el mes de enero a Europa, primero a Italia, donde le habían prometido trabajo y alojamiento, y luego a España. En aquellos momentos la situación ya era muy dura en Venezuela, “ Tengo problemas de tiroides y la medicina ya llevaba más de un año sin poder conseguirla”, la escasez de alimentos, con restricciones de días para la compra de alimentos básicos, ya provocaba en aquellos momentos, que a pesar de realidades como la de Eugenia y su familia donde todos iban trabajando y teniendo recursos económicos, no siempre pudieran realizar las tres comidas diarias.

Pero el detonante definitivo fueron sus ideologías y la militancia en sindicatos, alejados del chavismo y de las políticas de Maduro. Eugenia y su familia comenzaron a temer por su integridad física y vertieron todos los esfuerzos a que ella pudiera abandonar el país y poder ayudar desde fuera a su familia.

“Estoy desesperada porque no sé cómo ayudar a mi familia”. Pero nada fue como le habían prometido, el supuesto trabajo y el alojamiento en Italia no eran reales, y las propuestas que recibió acercaban más a las prácticas propias de la trata de personas, que a una oferta de trabajo real. Una vez en España, finalmente pudo acceder al programa de acogida a Refugiados, y solicitar el Asilo.

En estos momentos la Eugenia comparte un piso que le han facilitado desde CEAR con otra familia de refugiados. En parte, tiene cubiertas las necesidades, pero echa de menos espacios donde poder relacionarse con las personas de aquí, donde poder compartir las experiencias y comenzar a sentirse parte de nuestra sociedad, sentirse acompañada y no tan sola.

“Me hubiera encantado venir a Europa de visita”. Estas palabras de Eugenia, podrían salir de la boca de tantas y tantas personas refugiadas que se ven obligadas a tomar la decisión de irse de sus países, para salvar sus vidas y buscar una salida a su futuro.

Desde Cáritas Diocesana de Sant Feliu de Llobregat nos queremos sumar a esta cultura del encuentro, que nos propone el Papa Francisco, a compartir los viajes de los millones de personas desplazadas de manera forzada de sus países, y abrir nuestros corazones con una actitud acogedora.
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