Càritas Diocesana de Sant Feliu de Llobregat

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LXXIV Asamblea General de Cáritas Española

Monseñor Jesús Fernández y Manuel Bretón presiden su primera Asamblea General de Cáritas.


La localidad madrileña de El Escorial volvió a ser, un año más, el escenario de la LXXIV Asamblea General de Cáritas Española, un encuentro que en esta ocasión ha sido presidida por primera vez por monseñor Jesús Fernández, obispo auxiliar de Santiago de Compostela y responsable de Cáritas en el seno de la Comisión de Pastoral Social (CEPS), y por Manuel Bretón, presidente de la Confederación desde el pasado mes de marzo.

Declaración Final de la Asamblea

"La Iglesia nos llama al compromiso social.
Un compromiso social que sea transformador
de las personas y de las causas de las pobrezas,
que denuncie la injusticia, a aliviar el dolor
el sufrimiento y sea capaz también de ofrecer
propuestas concretas que ayuden a poner en práctica
el mensaje transformador del Evangelio y asumir
las implicaciones políticas de la fe y de la caridad ".
(Pablo VI, Populorum Progessio, 75)

Proclamando juntos "la grandeza del Señor" y expresando "la alegría de nuestro espíritu en Dios nuestro Salvador", los representantes de las 70 Cáritas Diocesanas que integran la Confederación Cáritas en España hemos reflexionado en este encuentro anual sobre los signos de esperanza y los síntomas de incertidumbre que compartimos diariamente con los cientos de miles de personas que acompañamos en nuestra red estatal de acogida e inserción.

El nuevo ciclo económico iniciado hace tres años ofrece motivos para el optimismo, porque la evolución positiva de algunos indicadores socioeconómicos tiene relación directa con la situación concreta y cotidiana de muchas personas. Ahora bien, cuando los dramáticos efectos de la crisis parecen desdibujar de las preocupaciones ciudadanas, queremos llamar la atención sobre la rigurosa constatación que acaba de hacer pública la Fundación FOESSA y que 7 de cada 10 hogares no perciben aunque los efectos de la recuperación económica les hayan llegado.

Somos testigos directos de cómo muchas familias siguen sufriendo las consecuencias de unas condiciones de precariedad que, como venimos alertando desde hace tiempo, son el resultado directo de nuestro modelo socioeconómico.

Con el inicio de un nueva etapa de recuperación y crecimiento, vuelve a inquietarnos el riesgo de que se repitan errores pasados, se sigue sin incidir de raíz en los fallos estructurales de la desigualdad y, bajo la euforia de la postcrisis , una parte de la sociedad quede relegada y continúe sin tener garantizados sus derechos básicos.

Nos preocupa que se consolide en la ciudadanía la idea de que la pobreza es algo natural y que el hecho escandaloso que millones de personas permanezcan por debajo del umbral de la pobreza, agobiadas por las condiciones de precariedad y vertidas a un futuro lleno de incertidumbres, forma parte del paisaje inevitable de la cuarta economía de la zona euro.

Reafirmamos, por ello, cuando se cumplen 70 años de la creación de nuestra institución, un ser y hacer de Cáritas comprometidos con la caridad y la justicia social. Con una caridad, que para servir a la exigencia de calidad, necesita de la profundidad de la denuncia social y de la propuesta de un modelo social orientado hacia la transformación de la realidad y la defensa del derecho de todos a acceder al bien común en una casa que es de todos.

Esta demanda de avanzar en la opción preferencial y evangélica por los pobres es un mandato que nos lanzan tanto nuestros obispos como las personas que acompañamos y la amplia base social de voluntarios, socios y donantes que hacen posible la misión de Cáritas como servicio organizado de la caridad dentro de la Iglesia. Es, además, una opción inspirada en el magisterio de la Doctrina Social de la Iglesia, donde la respuesta fraterna a las víctimas de la cultura del descarte alimentada por el culto al "dios dinero" tiene un carácter integral.

Como expresión de una Iglesia auténticamente samaritana, no podemos desarrollar una acción de acogida y acompañamiento a las personas excluidas sin esforzarnos, al mismo tiempo, para añadir las exigencias de la denuncia, la transformación de la realidad y la opción por la justicia social.

Somos conscientes de que investigar, en una etapa de crecimiento económico como el actual, la realidad de pobreza, y poner voz y rostro a las necesidades de los cientos de miles de personas que acompañamos resulta un relato incómodo, tanto para los poderes públicos como por algunos analistas políticos y líderes de opinión.

La nuestra no es una misión coyuntural. El único contrato suscrito por Cáritas es el de la lucha contra la pobreza y la defensa de la dignidad de las personas. Es una empresa a la que seguimos convocando a toda la ciudadanía, al conjunto de los agentes sociales, los poderes públicos y los medios de comunicación social.

Para Cáritas, la toma de partido contra la pobreza no puede quedar restringida a una opción temporal o privada: es también una acción comunitaria desarrollada en el centro mismo de la vida pública, que sólo tendrá éxito si se fortalece el tejido social y la participación de todos en cada uno de los ámbitos democráticos y asociativos.

Cuando parecemos recrearnos en la salida de la crisis y el cambio de tendencia económica, llamamos a la comunidad cristiana y la ciudadanía a tomar conciencia de las zonas en sombra en la que permanecen muchos ciudadanos. Invitamos, una vez más, a replantearnos el modelo de sociedad que queremos construir y las oportunidades por las que estamos dispuestos a trabajar para transformar la realidad en nuestros barrios, en nuestras comunidades y en cada uno de los espacios de participación pública en los que intervenimos.

La nuestra es una invitación a involucrarse en la construcción de un modelo social acogedor, auténticamente fraterno, accesible para todos y basado en un crecimiento económico respetuoso con la Creación, sin excluidos ni empobrecidos.

Desde nuestra experiencia y desde la misericordia inspirada en las realidades de frontera donde intervenimos, asumimos el riesgo de incomodar, de ser "piedra de escándalo y signo de contradicción", de ser desacreditados para asumir la misión de ser testigos de el Evangelio y compañeros de los pobres, como lo son especialmente los más de 84.000 voluntarios y voluntarias que ponen su vida y sus anhelos al compartir este camino.

Ante la tentación de un discurso centrado en el individualismo, en el que cada uno debe ser el único garante de su propio bienestar, nuestra propuesta es la comunidad.

Ante el debilitamiento de las políticas públicas, nuestra propuesta es la de que sean fortalecidas, para que las administraciones son las garantes de los derechos fundamentales.

Ante un modelo de sociedad de consumo donde el mercado se concibe como el único espacio donde satisfacer toda necesidad, nuestra propuesta es la lógica del don y la caridad dentro de una Iglesia en salida, a las periferias y comprometida en el servicio a los últimos.

Frente a la apuesta por el crecimiento constante y a cualquier precio, reafirmamos nuestro concepto de desarrollo humano integral que, ahora que se cumple el 50 aniversario de la encíclica Populorum Progressio, pasa por el reconocimiento de la dignidad y la construcción del bien común.

Ante el sufrimiento de miles de refugiados y de todos aquellos que se ven obligados a migrar para proteger su dignidad, nuestra propuesta es la de acoger al hermano y reconocer sus derechos y sus capacidades, sin distinciones entre "ellos y nosotros ".

Y frente a una lógica de desarrollo basado en el uso irresponsable de los bienes que Dios ha puesto a nuestra disposición a «la hermana nuestra madre tierra», proponemos un modelo de cooperación internacional fraterna orientado a «proteger nuestra casa común y unir toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral »para todos, como señala el Francisco a Laudati sí '.

Este objetivo es especialmente urgente para nuestros hermanos acosados ​​por la precariedad en Venezuela, Sudán del Sur o el Cuerno de África, a los que acompañamos con nuestra cercanía y solidaridad. Junto a ellos y los hermanos de todos los países donde estamos comprometidos en la lucha contra la pobreza, compartimos su tenacidad admirable para, a pesar de las angustias provocadas por sus actuales circunstancias, construir oportunidades para la paz que "debe fundarse -se en la verdad, la justicia, el amor y la libertad "(Juan XXIII, Pacem in terris).

Nuestra misión evangelizadora como acción caritativa y social de una Iglesia pobre y para los pobres, nos lleva a renovar en esta Asamblea la voluntad de seguir avanzando en una acción iluminada por "los gozos y las esperanzas" que nos transmiten la alianza con los que más sufren, con los que son los verdaderos protagonistas del mandato del Espíritu que nos "ha enviado para dar a los pobres la Buena Nueva, para proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor "(Lucas 4, 16-30).

El Escorial, 01 de julio 2017


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